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La Obesidad como factor de riesgo para COVID-19

El coronavirus SARS-CoV-2 pertenece a una familia de virus causante de la enfermedad respiratoria en los seres humanos llamada COVID-19. Esta enfermedad de origen viral tuvo su inició en la ciudad de Wuhan (China) en el mes de diciembre de 2019, ulteriormente se propagó por 114 países lo que condujo a la Organización Mundial de la Salud declarar oficialmente al COVID-19 como pandemia el 11 de marzo de 2020.

Los síntomas más habituales de esta enfermedad son fiebre, tos seca, dolor de cabeza y cansancio, así mismo, entre los factores de riesgo se consideraron inicialmente a la enfermedad cardiovascular, diabetes mellitus, enfermedad pulmonar e hipertensión arterial, pero, además diversas observaciones han vinculado a la obesidad con situaciones graves de COVID-19.

obesidad1La obesidad es una enfermedad crónica caracterizada por un acúmulo excesivo de tejido adiposo ocasionada por una ingesta de calorías que supera las recomendaciones diarias. Las dietas altamente energéticas constituyen factores de riesgo para el incremento de peso; los patrones alimentarios en los países occidentales se caracterizan por estar constituidas por una elevada ingesta de carbohidratos simples, sal, grasas saturadas y de tipo trans, además de colesterol, mientras que, se observa una dieta con bajo contenido de fibra y carbohidratos complejos. Otro aspecto que es necesario considerar es la ingesta creciente de alimentos procesados, ultraprocesados y comida rápida, los que también contribuyen a incrementar el peso y la obesidad.

La clasificación utilizada con mayor frecuencia para establecer el estado nutricional es el Índice de Masa Corporal (IMC), que corresponde a la relación que existe entre el peso de una persona y su talla elevada al cuadrado (kg/m2). Una persona con un IMC comprendido entre 18.5 y 24.9 kg/m2 se le diagnostica como de estado nutricional normal, si se encuentra en el rango de 25 a 29.9 kg/m2 es diagnosticada como sobrepeso, y si su IMC es igual o mayor a 30 kg/m2 es diagnosticada como obesa.

La obesidad se caracteriza, desde el punto de vista inmunológico, como una entidad inflamatoria con una respuesta que incluye el incremento de citoquinas inflamatorias y proteínas de fase aguda, sin embargo, a diferencia de otros procesos inflamatorios ocasiona una moderada activación del sistema inmunológico innato que afecta la homeostasis metabólica en el curso del tiempo. El tejido adiposo ha sido considerado durante mucho tiempo como un tejido cuya principal función era el de almacenar grasa con fines estrictamente energéticos, sin embargo, posteriormente, se mostró que era un tejido endocrino que participaba activamente en la inmunidad y en los procesos de inflamación.

Se ha descrito la existencia de varias hormonas específicamente secretadas por el tejido adiposo, más apropiadamente denominadas adipoquinas. Estas hormonas comprenden un considerable número siendo las más estudiadas la adiponectina, caracterizada por tener propiedades antiinflamatorias e incrementar la sensibilidad a la insulina, esta hormona está disminuida en la obesidad; la leptina, cuyo principal efecto es el de controlar el apetito, en los obesos se observa una incrementada resistencia a la leptina, por cuyo motivo, está incrementada en el plasma; la resistina, hormona que al parecer está vinculada con la inflamación y la resistencia a la insulina; la proteína quimiotáctica de monocitos 1 (MCP-1), un factor proinflamatorio que atrae a los monocitos que posteriormente se transforman en macrófagos. También se ha mostrado, en el tejido adiposo de las personas con sobrepeso u obesidad, que liberan Interleuquina 6 (IL-6), Interleuquina 8 (IL-8), Interleuquina 10 (IL-10), Interferón gamma (IFN-γ), Factor de Necrosis Tumoral alfa (TNFα), etc.

Diversas observaciones muestran que la inflamación constituye un factor que vincula a la obesidad con algunas patologías, habiéndose identificado genes inflamatorios sobre-expresados de la obesidad y la enfermedad metabólica. La disfunción metabólica incluye los incrementos en los niveles de las citoquinas circulantes que tienen la propiedad de alterar la señalización de la insulina, lo que constituye en una estrecha relación entre la obesidad y la diabetes mellitus tipo 2.

Así mismo, se sugiere que la inflamación generada por la obesidad sea la causante de la tormenta de citoquinas que se observa en los pacientes con COVID-19 y como consecuencia el riesgo de formar coágulos en los pacientes.

Recientemente, el Sistema Informático Nacional de Defunciones (SINADEF), órgano del Ministerio de Salud (MINSA), informó que en el Perú el 85.5% de los pacientes que fallecieron por COVID-19 eran obesos, observación que permitió a los voceros del Ministerio de Salud manifestar que la obesidad incrementaba el riesgo de muerte y las complicaciones que muestran estos pacientes.

obesidad2Inicialmente, se observó en China en un grupo de 280 pacientes afectados con COVID-19, que aquellos con un IMC de 23.6 kg/m2 presentaban afecciones leves y moderadas, mientras que los pacientes que tenían un IMC de 25.8 kg/m2 mostraban afecciones graves; esta diferencia era estadísticamente significativa pero esta observación no concitó el interés de estos investigadores debido a que no pudieron individualizar al sobrepeso como factor de riesgo; así mismo, se ha mostrado que pacientes con un IMC de 27.0 kg/m2 presentaron síntomas más severos que los pacientes con IMC de 22.0 kg/m2, habiéndose observado en otro estudio que los pacientes que tenían un IMC mayor de 25.0 kg/m2 sobrevivían en un 18.9%.

En una investigación realizada en Nueva York se pudo observar que personas menores de 60 años con COVID-19 cuyo IMC estuvo comprendido entre 30 y 34 Kg/m2 y mayores de 35 kg/m2, tuvieron 1.8 y 3.6 veces respectivamente, mayores posibilidades de ser admitidos en la unidad de cuidados intensivos (UCI) que aquellos pacientes con un IMC menor que 30 kg/m2. En otro estudio realizado en Francia, se observó que el riesgo para ingresar a UCI y requerir ventilación mecánica invasiva en pacientes que tenían COVID-19, fue mayor de 7 veces en aquellos con un IMC mayor de 35 kg/m2 que en aquellos pacientes que tenían un IMC menor de 25 kg/m2.

Un elevado número de pacientes desarrollan mecanismos de defensa inmunológica entre los que se incluyen aquellos relacionados con la inflamación, proceso que ocurre en forma modulada, por cuyo motivo, el organismo huésped no resulta marcadamente dañado. Sin embargo, se ha observado que algunos pacientes desencadenan el proceso descontrolado conocido como tormenta de citoquinas, que causa daño tisular y una intensa alteración homeostática que conducen al daño de varias funciones orgánicas, especialmente del sistema respiratorio.

La nutrición tiene un papel muy importante en la respuesta inmune e inflamatoria, la que deriva de las propiedades que tienen algunos nutrientes de modular la defensa celular, ya que se ha observado que éstos intervienen modificando la generación de mediadores inflamatorios o participan en la respuesta celular a través de las vías de señalización. Específicamente, algunos nutrientes tienen un efecto significativo apropiado frente al SARS-CoV-2, como zinc, ácidos grasos omega-3, vitamina A, vitamina C, vitamina D y vitamina E. Las personas obesas, en su mayoría, tienen un estilo de vida caracterizada por no ingerir alimentos de buena calidad, hecho que contribuye a presentar una respuesta inmune inadecuada.

 

escrito-por-02 Dr. Emilio Guija Poma, Mg. Henry Guija Guerra.

Centro de Investigación de Bioquímica y Nutrición.
Instituto de Investigación FMH - USMP.

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La Molina, octubre de 2020
ÁREA DE DIFUSIÓN
Oficina de Extensión y Proyección Universitaria
Facultad de Medicina Humana - USMP

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